domingo, 22 de enero de 2017

LOS VIAJES DE GULLIVER


En el primer fragmento que hemos leído de Jonathan Swift, Gulliver (“Hombre Montaña”, así llamado por los habitantes de la isla) se encuentra preso en un lugar al que llaman llamado Liliput, rodeado de pequeños seres. Uno de ellos, que parece ser el de más alto rango de todos, el emperador, se dirige a él, obligándole a cumplir una serie de normas para la protección de su región.


Ahora, si echamos la vista atrás e intentamos traer a la memoria aquellos textos que alababan a distintos dioses, nos percataremos de que existe cierta similitud entre ambos. Me refiero a aquellos poemas “Canto a Inanna” e “Himno al Sol”. En ambos existe una clara idolatría a un dios, visto como el ser superior, ese que incluso puede “dar comienzo a la Vida”. Estos rasgos los podemos ver repetidos en el fragmento de Gulliver. El emperador, se dirige a sí mismo como “monarca de todos los monarcas”, lo que nos hace recordar aquellos títulos que vimos a principios de curso: “El cantar de los cantares”, “Rey de reyes” o “Sábado de sábados”. Además, se visualiza como un ser inmenso en tamaño: “más alto que los hijos de los hombres”, “…cuya cabeza se levanta hasta tocar el Sol”; al igual que Akenatón era visto en aquel poema que decía: “Eres hermoso, grande, brillante, alto por sobre tu Universo”. Por último, se idolatra la figura de este ser haciendo ver sus partes más positivas y asombrosas:”…agradable como la primavera, reconfortante como el verano, fructífero como el otoño…”; de igual manera era idolatrada Inanna:”…eres justa”, “Tú exaltas los elementos”, “Eres Inanna, suprema en el cielo y la tierra”.


Siguiendo ahora con el fragmento de nuestro protagonista, Gulliver, hablaremos sobre el trato que este recibe del emperador. Después de haber hecho saber a todos los lectores lo grandioso que es “Su  Muy Sublime Majestad”, se presentan algunas características que el anterior ve en Gulliver, o como el mismo emperador le llama, “Hombre Montaña”. A este se le imponen una serie de reglas que está obligado a cumplir. Estas ven a Gulliver como un monstruo al cual se debe tener enjaulado por el peligro que pueda causar:”…no saldrá de nuestros dominios sin una licencia nuestra…”, “…no deberá pasearse ni echarse en nuestras praderas ni en nuestros sembrados”.


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